
La manada siempre funcionó bien, hasta que alguien creyó que sus ideas eran más importantes que los intereses del grupo. Hasta que alguien creyó que por el bien de los demás, estaba en la obligación de imponer sus ideas.
Ese día, decidí vagar solitario por este mundo.
Agradezco la buena voluntad de muchos iluminados, que por medio de brutales campañas de márketing, de generar falsos temores y de dividirnos, consiguen un puñado de votos. Cuántos caraduras se están forrando gracias a la marca cambio climático.
No les sigamos el juego, ellos se rigen por el voto, nosotros por el bien común y la realidad.
Si ven que sus artimañas funcionan, seguirán usándolas y esto nunca tendrá fin.
Las guerras son demenciales, y me da igual el bando o la fuerza que puedan tener unos u otros. Una muerte, una vida humana tiene el mismo valor. Una madre sollozando por la muerte de un hijo es cruel se mire dónde y cómo se mire.
Me niego a posicionarme.
Pero nos obligan a posicionarnos, para ello utilizan a toda una cohorte de subvencionados agradecidos, mueven a las masas y generan opinión. Pero en el fondo están buscando votos.
Me resisto a seguir el juego, no voy a entrar en el juego. Si me posiciono lo único que haré es avivar el fuego.
No me gustan las etiquetas, ni las modas pasajeras. No me gusta la tolerancia, ni la solidaridad. Me gusta el respeto, la empatía y las ganas de ayudar.
No me gustan las ONG (salvo pequeñas excepciones) son la cueva de Alí babá. Cuántos caraduras viven de la sopa boba.
Las buenas personas se rigen por el corazón y no por las modas de cartón. Son una peligrosa pose.
Todos quieren parte del pastel, todos quieren un pedacito de ti.
Tú eliges ser libre...