Qué haces esperando, ¿quieres vivir la vida?, pues ¡vívela!
No racionalices, no la busques por ningún sitio; la vida está aquí y ahora, te está sucediendo.
No la planifiques en exceso, no hagas demasiadas predicciones, además de que no se suelen cumplir, estarás demasiado pendiente de ello y no vivirás el presente.
Si buscas seguridad, no la encontrarás, la seguridad no existe, estarías muerto. No lo llames inseguridad, llámalo libertad. Nadie sabe lo que va a acontecer, y esa es la grácia, eso es lo que te mantendrá alerta, vivo.
Desde pequeños se nos enseña a obedecer. Nos marcan el camino y hay poco espacio para la experimentación y el aprendizaje. Nos volvemos demasiado cómodos y nada aventureros.
Todo se convierte en conocimientos, datos, pero al no tener experiéncias se va apoderando el miedo, el miedo a lo desconocido. No hemos aprendido a afrontar esa incertidumbre y nos echamos atrás, coartando toda mejora y creatividad. Sólo se aprende de los errores, y sólo se conocen los errores una vez cometidos.
Hay que ser valiente. La valentía es arriesgar lo conocido por lo desconocido, lo familiar por lo no familiar, lo cómodo por lo incómodo, un incierto viaje a un destino desconocido. Uno nunca sabe si será capaz de conseguirlo o no. Es apostar, y sólo los jugadores saben lo que es la vida.
La mente es memoria, y la memoria es lo viejo, el pasado. Si vives con la mente estarás en el pasado. Pero el corazón es lo nuevo, es la alegría, es sentimiento, es vivir el presente; el aquí y ahora. No te aferres al pasado, déjate llevar por el corazón, escúchalo.